Oh Virgen María, sublime madre y modelo de virtud, en este momento de oración nos dirigimos a ti con humildad y gratitud. Contemplamos tu ejemplo de entrega y amor, y en este día queremos elevar ante ti nuestras súplicas y agradecimientos.

En tu regazo maternal encontramos consuelo en medio de las tormentas de la vida. Tú, que conoces el peso de la cruz y la profundidad del sufrimiento humano, comprendes nuestras angustias y aflicciones. Por ello, acudimos a ti en busca de consuelo y fortaleza, confiando en tu intercesión ante tu Hijo amado, Jesucristo.
En esta jornada, te pedimos, Virgen Santa, que extiendas tu manto de protección sobre nosotros y sobre todos aquellos que necesitan de tu auxilio. Intercede por los enfermos, los solitarios, los afligidos y los desamparados. Que tu ternura maternal llegue a cada corazón necesitado, llevando consuelo, esperanza y sanación.
Te agradecemos, María, por tu constante intercesión en nuestras vidas. Por cada gracia recibida, por cada obstáculo superado, por cada momento de alegría, reconocemos tu mano amorosa obrando en nuestro favor. Con gratitud en el corazón, te ofrecemos nuestras alabanzas y te pedimos que nos concedas la gracia de seguir tu ejemplo de amor y servicio desinteresado.
Que en este día, y en todos los días de nuestra existencia, podamos imitar tu humildad, tu pureza y tu entrega total a la voluntad de Dios. Fortalécenos en la fe, ilumina nuestra mente con la verdad y enciende en nuestros corazones el fuego del amor divino.
Oh María, Madre de gracia y esperanza, escucha nuestras plegarias y concédenos la gracia de vivir siempre bajo tu amparo maternal. Amén.
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